Lo primero va primero: tener claras las prioridades cuando debes escoger

Como os comentaba el otro día, hace poco me inscribí en una oferta de trabajo como Técnico de Sistemas en una Televisión. Finalmente tuve que rechazar el trabajo, especialmente por temas de disponibilidad horaria para poder acabar mis estudios universitarios. Sin embargo, la experiencia de pasar por este proceso de selección fue realmente interesante, especialmente a la hora de tener que tomar la decisión final de priorizar la universidad (y muchas otras cosas) por delante del nuevo trabajo

Decidir entre dos caminos

¿Cómo decido? ¿Por dónde empiezo?

Cómo decidir es una pregunta de muy difícil respuesta, y más sin tener ni idea de cual es la decisión que ahora mismo tienes en mente. Sin embargo, sí podemos definir un proceso básico que nos permita escoger entre distintas opciones que se nos presenten. El contexto puede ser realmente distinto, pero el proceso no debería ser muy diferente de una decisión a otra, así que es importante dejarlo fijado y aplicarlo en cualquier decisión que tengamos que tomar.

¿Por dónde empezar? Evidentemente, para decidir debemos saber exactamente en qué contexto estamos trabajando. Saber todas las opciones que tenemos es fundamental para poder acabar tomando una buena decisión. Por lo tanto, los pasos para acabar escogiendo la opción correcta serían:

  • Tener claras todas las opciones.
  • Conocernos a nosotros mismos y a nuestras necesidades básicas.
  • Valorar todas las implicaciones de todas las opciones que tenemos.
  • Fijar un momento para decidir, y no alargarlo más.
  • No rectificar ni arrepentirse, la decisión ya está tomada.

De esta forma, si ya tenemos claras todas las opciones de salida de nuestra situación y debemos decidir con cual quedarnos, lo primero que tenemos que hacer es analizarnos a nosotros mismos.

Es importante conocerse a uno mismo

Conocernos a nosotros mismos y a nuestras necesidades básicas

Tenemos una decisión y queremos escoger la mejor opción. Para que así sea, debemos saber qué significa para nosotros mejor opción. Si no lo sabemos, no podremos avanzar en nuestro objetivo, así que el primer paso es descubrirlo. ¿En qué contexto estamos? ¿Cómo somos nosotros en ese contexto? ¿Qué necesidades tenemos frente las distintas opciones alrededor de esta decisión?

No es el motivo de este artículo explicar cómo conocernos a nosotros mismos. Hay muchas formas y tácticas que pueden ayudarnos a conseguirlo, pero lo que está claro es que es algo que debemos hacer cuanto antes para poder tomar cualquier tipo de decisión estando seguros que estamos escogiendo la mejor opción. Cuanto más nos conozcamos y más sepamos cuales son nuestras necesidades, más fácil nos será escoger y tomar decisiones.

Valorar todas las opciones

Valorar todas las implicaciones de todas las opciones que tenemos

Una vez tengamos claro como somos respecto al contexto en que nos estamos moviendo y qué necesidades tenemos relacionadas con todo lo que estamos tratando, ha llegado la hora de valorar todas las implicaciones de todas las opciones que tenemos. En cualquier tipo de decisión podemos tener solamente dos opciones o muchas más, así que el caso concreto de la decisión puede ser muy distinto, pero una de las técnicas que más funciona para valorar todas las implicaciones es la del 10, 10, 10.

El método 10, 10, 10 fue desarrollado en profundidad por Suzy Welch y se basa en analizar nuestra situación pasados diez minutos, diez meses y diez años. Los números son totalmente arbitrarios, pero es una forma de tener en cuenta como estaremos y como nos sentiremos a corto, medio y largo plazo. Tenemos que tener en cuenta que el método 10, 10, 10 en ningún momento nos dice que debamos priorizar más el largo plazo que el corto, por ejemplo, lo que nos indica es que debemos tenerlo todo en cuenta, la decisión final siempre deberá estar en nuestras manos.

La idea fundamental del método es muy sencilla: si seleccionas la opción A, ¿como te sentirás y cómo estarás dentro de diez minutos? ¿Cómo te sentirás y cómo estarás dentro de diez meses? ¿Y dentro de diez años? Si nos conocemos bien y tratamos estas tres preguntas con la profundidad necesaria para cada una de las distintas opciones que tenemos, acabaremos llegando a una mejor opción que será la adecuada.

Debes decidir tu camino

Fijar un momento para decidir, y no alargarlo más

El método del 10, 10, 10 puede parecer muy lógico y fácil y, de hecho, lo es. Sin embargo, en la vida las decisiones son algo muy difícil, ya que de ellas dependen como sigamos evolucionando y que cumplamos nuestros objetivos. Cuando tengamos que tomar decisiones complicadas, si nos conocemos y sabemos responder perfectamente y con la suficiente profundidad las preguntas anteriores, seguramente podremos reducir el número de opciones disponibles. Sin embargo, siempre quedarán otras opciones que, valorando los puntos a favor y en contra, nos será muy difícil tomar la decisión.

Por lo tanto, debemos reflexionar acerca de todo lo bueno y malo a corto, medio y largo plazo. Seguramente con una primera aproximación al método explicado no será suficiente, necesitaremos cierto tiempo para darle vueltas y llegar a algunas conclusiones que no habremos llegado en un primer momento. Sin embargo, en todo caso ese periodo de reflexión debe estar acotado, debe tener un inicio y un final.

Si esa reflexión no está limitada en el tiempo, podemos alargarnos y no acabar decidiendo dentro del periodo aceptable para nuestro contexto. En cualquier caso si debemos tomar una decisión, es mejor tomarla con tiempo suficiente para tomarla con calma, ya que si lo vamos alargando es probable que lleguemos a un punto en que debamos precipitarnos, y eso nunca es bueno.

No rectifiques ni te arrepientas de las decisiones

No rectificar ni arrepentirse, la decisión ya está tomada

¡Ya está! La decisión ya está tomada, no hay nada más que decir, nada más que pensar, nada más que reflexionar. Una vez está tomada la decisión no es bueno cambiarla, ya que deberíamos volver a entrar en todo el proceso de toma de decisiones, algo que incentivaría más a la reflexión que a la acción. Buscar la forma de tomar decisiones fundamentadas es perfecto, pero que esas decisiones no se conviertan en acciones por culpa de demasiada reflexión ya no es tan bueno.

Por lo tanto, a no ser que las circunstancias y el contexto de la revisión varíe muchísimo, en ningún caso es recomendable replantearnos el hecho de rectificar la decisión. Y, todavía más importante, ¡no arrepentirse! Ya reflexionaste, ya hiciste la mejor decisión que pudiste dadas las circunstancias y tu situación, así que ahora es momento de actuar, de tirarlo todo adelante y hacerlo todo de la mejor forma posible.

Seguramente muchas veces acabaremos teniendo la percepción de que otra de las opciones era más adecuada, pero lo importante es saber ver que realmente escogimos la mejor decisión de las que podíamos escoger según el contexto en el que estábamos.

Recordemos que las decisiones son importantes, pero es mucho más importante cómo las tiramos adelante.

Imágenes | James Wheeler, Cayusa, Jorge Franganillo, Julia Manzerova, martinak15

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