
Tener una buena forma de empezar el día es imprescindible para ser productivo. Tener una buena rutina para empezar la mañana y ponernos a trabajar cuanto antes, lo más concentrado posible y aprovechando al máximo nos ayuda a que el día funcione mucho mejor. Seguro que a ti también te pasa: si empiezas el día bien, el día va perfecto. Si empiezas con mal pie… acostumbra a ser difícil cambiarlo.
En ese sentido, es muy interesante tener un listado de cosas que quieres y no quieres hacer por la mañana. Berto Pena contó hace algunas semanas las cosas que nunca hace por la mañana cuando empieza su jornada.
> 6. No me dejo atrapar por los detalles
> Cuando empiezas a trabajar en una tarea y tu mente está en marcha, también trabaja en paralelo: surgen ideas, recordatorios, pequeños detalles que rodean a toda tu actividad. Es facilísimo dejarse llevar por ellos y perder una concentración y ritmo de trabajo que son oro para mí. Lo que hago es aislarlos. Bien anotándolos para luego, o bien ignorándolos.
Te recomiendo leer el artículo 7 cosas que nunca hago al comienzo del día de Berto Pena.
Etiqueta: Planificación
Empezar bien el día sabiendo lo que no tenemos que hacer
¿Qué es la ley de Parkinson? Acorta el tiempo de trabajo para limitarte a lo importante
Sigo leyendo a Tim Ferriss y, tras la Ley de Pareto, quería aprovechar para hablar un poco sobre la Ley de Parkinson. La Ley de Parkinson afirma que todo trabajo se dilata indefinidamente hasta llegar a ocupar la totalidad del tiempo disponible para su completa realización y, por lo tanto, que el tiempo invertido en un trabajo varía en función del tiempo disponible.

El tiempo se dilata y se contrae según nuestra forma de trabajar
Si tenemos 8 horas para trabajar… trabajaremos 8 horas y nos faltarán más para conseguir lo que queremos. Si, en cambio, trabajamos 2 horas… podemos obtener resultados parecidos trabajando mucho menos. Si tenemos un plazo de tiempo muy ajustado para realizar una tarea, el poco tiempo nos forzará a concentrarnos en la ejecución y en lo realmente esencial, dejando de lado los detalles menos importantes que no deberíamos priorizar.
De esta forma podemos apreciar como el tiempo se dilata y se contrae según nuestra forma de trabajar. Sea como sea, siempre nos faltarán más horas para conseguir la perfección, pero en la mayoría de ocasiones no tenemos ni siquiera que hacer las cosas muy bien, con hacerlas bien nos basta, así que podemos dedicar el mínimo tiempo posible a hacerlas, centrándonos en lo importante. Una vez tenemos algo bueno, conseguir que sea muy bueno requiere una inversión de energía y tiempo que no siempre es necesaria ni provechosa.
¡Pero si quiero llegar a la independencia financiera tengo que trabajar muchas horas!
No, para nada. Y Tim Ferriss lo deja bien claro: No te hacen falta 8 horas al día para convertirte en millonario con todas las letras, ni para poseer los medios para vivir como tal. Ocho horas por semana suele ser demasiado, aunque no espero que todo el mundo me crea ahora. Pues sí, yo le creo… ¡pero todavía no lo he conseguido!
Yo no imagino mi vida trabajando muchísimas horas para ser muy feliz y cobrar mucho dinero, sino trabajando pocas horas en las cosas realmente importantes y que realmente me gustan, para centrarme en lo esencial y disfrutar de mi vida en todo momento. Mi vida y mi trabajo se entremezclan de forma que no distingo qué es trabajo y qué no, para mi todo es vivir.
La Ley de Pareto y la Ley de Parkinson son complementarias
Hace pocos días hablábamos sobre la Ley de Pareto, o el principio del 80/20, que nos dice que priorizando un 20% de las cosas que hacemos podemos obtener un 80% de los resultados. En este caso, la Ley de Parkinson nos dice que reduzcamos el tiempo disponible para centrarnos en lo importante.
Por lo tanto, la mejor forma de aprovechar nuestro tiempo es seleccionar adecuadamente ese 20% importante de las cosas que hacemos y fijar un tiempo concreto, lo más corto posible, para hacerlas. De esta forma nos centraremos en las cosas esenciales obteniendo un 80% del resultado, dedicando el tiempo mínimo a conseguirlo.
¿Qué tal si haces solamente una tarea al día, ni más ni menos?
El otro día hablaba sobre qué son las Tareas Más Importantes y cómo fijarlas, algo que a mi me ayuda muchísmio a avanzar día tras día, semana tras semana, sin perder los objetivos de mis proyectos de vista. Escribiendo todo eso me acordé de un artículo de Raúl Hernández González titulado Una tarea al día. Nada más que me llamó mucho la atención cuando lo leí hace varios meses, pero que no había recordado desde ese momento.

Tareas clave
Raúl en su artículo habla de las tareas clave, un concepto parecido al que yo usé para explicar las Tareas Más Importantes, que deben suponer un avance significativo hacia nuestros objetivos. En general, mucho de nuestro tiempo lo dedicamos a cosas que no tienen ningún tipo de relevancia, que no nos llevan a ningún sitio, sin avanzar y sin conseguir todo lo que nos proponemos.
> ¿Pero de verdad no somos capaces de dedicar una puta hora de nuestro día a hacer algo siginificativo, una de esas tareas clave que nos hagan de verdad avanzar?
Yo creo que sí, y que eso debería ser una prioridad en nuestras vidas. ¿Qué te parece si hacemos solamente una tarea al día, ni más ni menos?
Hacer una tarea al día
Siguiendo con las Tareas Más Importantes, creo que es fundamental tenerlas claras para conseguir eso: hacer (como mínimo) una tarea clave al día. ¿Te das cuenta que hacer una tarea clave al día significa 365 tareas clave a lo largo de un año? Personalmente, la verdad, me intento imaginar 365 tareas clave y la verdad es que dudo que llegara a conseguir alcanzar una tercera parte de ese número.
Si realmente trabajamos para hacer una tarea clave al día, 365 tareas clave al año, nuestra vida puede avanzar a ritmo estrepitoso, podemos profundizar en muchos de nuestros proyectos e incluso hacer cosas por las que nunca hemos tenido tiempo. ¿Cuántas cosas puedes hacer en un año?* Muchísimas, sin duda. Imagínate con 100 años que vas a llegar a vivir.
Antes de hacer una tarea al día…
Tenemos que saber en qué queremos enfocar nuestra vida. Hacer una tarea al día es muy, muy fácil. Hacer una tarea clave para cumplir nuestros objetivos y seguir adelante en la dirección adecuada no es tan fácil. Lo que nos acaba echando atrás, como mínimo a mi, a hacer una tarea clave de forma diaria es el hecho de no saber exactamente en qué dirección debemos ir. Pensar demasiado nos hace actuar demasiado poco.
En ese sentido, si ya sabemos cómo somos y cómo queremos ser (o sea, nuestra visión de vida) y tenemos una misión personal definida, lo mejor que podemos hacer es tener claras nuestras áreas de responsabilidad actuales y fijar nuestras tareas clave según los objetivos que queremos llegar a conseguir en nuestras vidas.
Cómo marcar las tareas más importantes (TMI) de nuestra semana para avanzar en nuestros proyectos
Es importante tener a mano siempre tu lista de ideas (y si no la tienes, deberías tenerla)
Hoy quiero hablar sobre las listas de ideas, y la importancia de tener como mínimo una lista que nos permita tener recopiladas todas nuestras ideas. Como siempre, cuando uno escribe artículos para un blog, van saliendo nuevas ideas de interés para seguir publicando. En ese sentido, te recomiendo mi artículo titulado Cómo conseguir ideas para tu blog (o cómo lo hago yo).

¿Qué es una lista de ideas?
Fácil, ¿no? Una lista de ideas es dónde apuntamos las ideas. Pero bueno, a veces no es tan fácil. En general, para las personas que usamos la metodología GTD o sistemas parecidos, tenemos una bandeja de entrada que nos permite apuntar todo lo que nos pasa por la cabeza. Para mi eso no es la lista de ideas.
La lista de ideas es una lista dónde apuntamos aquellas cosas que en algún momento nos han venido a la cabeza, hemos valorado su importancia y no sabemos muy bien si pueden ser de utilidad en un futuro. En GTD lo que más se le parecería sería lo que se llama Algún día / Tal vez, es decir, todas aquellas cosas que nos podría gustar hacer algún día… tal vez.
¿Cuál es la mejor forma de tener una lista de ideas?
Hay muchas formas de organizar nuestra vida, así que es importante que adaptemos todos los consejos a nuestro flujo de trabajo. En mi caso trabajo con dos herramientas básicas: la primera, Hightrack, para mis tareas, como ya comenté en este artículo, y la segunda, Evernote, que me sirve como archivo más generalista.
Por lo tanto, en mi Evernote tengo distintas libretas que me sirven como lista de ideas, clasificadas según unos criterios que podrían ser más o menos discutibles. ideas de proyectos, ideas para el blog, ideas de películas, libros o series, etc. Lo importante no es cómo lo distribuyamos, sino que la forma en que decidamos distribuirlo nos sirva de verdad.
Algunas ideas para tener tu lista de ideas, valga la redundancia:
- Una libreta pequeñita, que lleves siempre encima, que te quepa en el bolsillo
- Una aplicación como Evernote, Google Drive (offline), Google Keep u otras alternativas
- Notas directamente en tu móvil
Si somos más de escuchar que de leer, nos pueden servir las notas de voz, o si tenemos una tendencia más visual, es recomendable que la aplicación que utilicemos nos permita hacer esbozos y esquemas a mano, no solamente escribir.

¿Cada cuando es importante revisar la lista de ideas?
Esto ya depende mucho de lo que pongas en tu lista de ideas. En mi caso las tengo repartidas justamente por este motivo: en general, pocas veces reviso las películas o las series, solamente cuando quiera escoger cuál va a ser lo próximo que mire. La lista de libros la reviso un poco más a menudo, pero no tengo una rutina fija, sino que la miro en cuanto estoy acabando el libro anterior.
En cambio, mi lista de proyectos sí tiene una periodicidad más marcada, ya que le echo un vistazo en todas las revisiones mensuales. Por lo tanto, una vez al mes me entretengo a leer la lista y, en caso de que haya algo que pueda ser de interés, me marco una tarea en mi sistema para revisarlo con calma en otro momento.
Imágenes | Laura Agustí, paloetic
Pensar en el pasado y en el futuro también puede hacernos felices
Si leéis el blog a menudo ya sabréis que muchas veces escribiendo un artículo me viene a la cabeza otro tema relacionado que me gusta tratar más adelante. En este caso, escribiendo el artículo donde comentaba que la felicidad está en nuestro interior se me ocurrió hablar sobre el pasado y el presente y cómo lo utilizo yo para ser felices.
Muchas personas dicen que para ser feliz tenemos que pensar en el presente. Personalmente estoy bastante de acuerdo, pero eso no significa que pensar en el pasado o en el futuro no pueda ayudarnos a ser más felices.

El presente es fundamental para ser feliz
La vida pasa ahora. Ni ayer, ni mañana. Ni cuando consigamos hacer X, ni cuando hamos hecho Y. Hoy. Es por este motivo que el presente es fundamental para ser feliz.
No podemos vivir en el pasado, recordando lo que fuimos, lo que teníamos, lo que nos hubiera querido ser o tener. El pasado, pasado está, y con eso no podemos hacer nada. No podemos vivir en el futuro, imaginando lo que haremos, lo que tendremos, lo que nos gustará ser o tener. El futuro, futuro es, y con eso no podemos hacer nada.
El pasado nos sirve para aprender
¡Claro! El pasado tiene muchas ventajas. El pasado son experiencias que ya has vivido, para bien o para mal, pero son cosas que ya han pasado por tus manos, personas que has dejado atrás, sueños que nunca se cumplieron o que fueron las mejores experiencias de nuestras vidas.
Pensar en el pasado nos sirve para aprender. Aprender de aquellas cosas que hemos hecho bien. ¿Cómo las hicimos? ¿Qué condiciones nos ayudaron a que eso que tanto queríamos se convirtiera en realidad? Fue casualidad, ¿o más bien nosotros actuamos de alguna forma para conseguirlo? También aprender de aquellas cosas que no hicimos tan bien. ¿Por qué las hicimos? ¿Por qué no salieron bien? ¿Cómo hubieran podido salir mejor? ¿Y si hubiéramos probado de hacer X, quizá hubieran salido mejor?
Anclarse en el pasado puede ser fatal para nuestras vidas, pero aprender de él y ser conscientes de lo bueno y lo malo, y de todo lo que hemos aprendido a lo largo de nuestras vidas, nos puede ayudar a enfocar nuestro presente y nuestro pasado de la mejor forma posible.

El futuro nos sirve para planificar
¡Claro! El futuro también tiene ventajas… ¡todavía no está aquí! En algunos casos esto puede parecer un inconveniente, pero realmente puede ser una gran ventaja, ya que de esta forma tenemos tiempo de prepararnos, mediante el presente, de todo lo que tiene que llegar en un futuro.
Pensar en el futuro nos sirve para planificar. Planificar aquellas cosas que todavía no han llegado y que queremos hacer de la mejor forma posible. Aprovechar el pasado y el presente para que nuestro futuro sea de la mejor forma posible.
Vivir en el futuro puede ser fatal para nuestras vidas, pero planificarlo bien, ser conscientes de todo lo que viene y de todo lo que podremos hacer a lo largo de nuestras vidas nos puede ayudar a que nuestro presente esté de acuerdo con nuestras metas y nuestros objetivos a largo plazo.
Imágenes | Laura Agustí, h.koppdelaney
Empezar las tareas difíciles antes de cerrar el día
En la vida hay tareas que consideramos difíciles por cualquier tipo de motivo. Solamente de pensar en ellas nos generan una sensación de que no podremos con ellas o, sencillamente, que nos requerirán mucho más tiempo del que disponemos en estos momentos. ¿Cómo debemos enfrentar este tipo de tareas?

Si ya tenemos por dónde empezar, es muchísimo más fácil seguir
Como comentaba el otro día, si ya tenemos por dónde empezar, es muchísimo más fácil seguir. Esto es algo que debemos tener claro, ya que nos ayuda a tener más claras las dificultades de nuestras tareas: empezar a plantear la propuesta para el último cliente, preparar la primera diapositiva para la conferencia que damos el mes que viene, dejar planteadas las ideas principales para el siguiente congreso al que participamos… cuanto antes empecemos a resolver una pequeña parte de nuestra tarea, más claro tendremos si realmente es tan difícil como nos parecía.
Si ya tenemos por dónde empezar, es muchísimo más fácil seguir
Implementa una rutina para empezar tus tareas difíciles
Ya hablé hace bastantes semanas sobre la importancia de la rutina, para mi es algo fundamental que me permite avanzar muchísimo mejor en mis objetivos personales y profesionales. En este caso no es menos importante: si fijamos una rutina para empezar nuestras tareas difíciles, vamos a conseguir avanzar muchísimo más en nuestro día a día.
La importancia de la rutina… y de saberla romper cuando queramos
Empezar las tareas difíciles antes de cerrar el día
Para mi esta rutina se puede resumir en intentar empezar alguna tarea difícil antes de cerrar el día. Mi rutina de cerrar el día tiene dos partes esenciales: por un lado, dejar las tareas sencillas, fáciles y rápidas totalmente cerradas. Si tengo tareas que puedo cerrar en cinco minutos, antes de acabar mi jornada laboral es el momento perfecto para hacerlas.
Por otra parte, una vez cerradas las tareas pequeñas, es interesante abrir una de difícil. De esta forma conseguimos tener más claros cuales son los siguientes pasos y, por lo tanto, es muchísimo más fácil que al día siguiente podamos ponernos con esa tarea.
Una vez hayas empezado la tarea difícil, sigue adelante con ella con el enfoque de la mañana
Imagen | stevendepolo
Si ya tenemos por dónde empezar, es muchísimo más fácil seguir
En la vida muchas veces tenemos tareas que pensamos que son complicadas o largas. Luego, una vez las hemos hecho, acabamos viendo que realmente no era tan difícil como pensábamos y que la hemos hecho en menos tiempo del esperado. El otro día empecé una tarea que tenía que hacer desde hace semanas… cuando ya se había convertido en una urgencia. ¿Por qué nos pasa eso? ¿Qué es lo que debemos hacer para avanzar en nuestro día a día con estas tareas que pensamos que son difíciles o largas?

La regla del 50%
Las personas somos muy malas estimando el tiempo que necesitamos para hacer una tarea. En general, y como ya comenté en un artículo, yo soy de las personas que cuando pienso en una tarea creo que necesitaré menos tiempo del que acabo necesitando, así que le añado un 50% del tiempo esperado a la tarea: si estimo que tardaré 60 minutos, pongo 90, o si estimo que serán dos horas, mejor pongo tres.
La regla del 50%
Sin embargo, hay ocasiones en las que una tarea se nos hace difícil porque pensamos que necesitaremos mucho tiempo para hacerla. En estos casos, es habitual que el tiempo que estamos estimando sea mayor al que necesitaremos realmente, ya que significa que no conocemos suficientemente bien la tarea y que no podemos partirla en tareas más pequeñas.Las tareas difíciles a veces no lo son tanto
Así es, sin duda alguna. En la vida tenemos unas pocas tareas que realmente son muy difíciles. Normalmente son las tareas que tienen como objetivo tomar una decisión importante que puede afectar al futuro de nuestras vidas.
A parta de esas tareas, el resto casi nunca son tan difíciles como nos parecen de un inicio. Cuando acabamos las tareas, vemos que realmente no han sido tan difíciles como esperábamos, y eso es debido a que las personas no tenemos la capacidad de distinguir la línea entre lo que nos puede resultar más o menos fácil y lo que realmente es difícil. Estamos acostumbrados a trabajar en nuestra zona de confort y, hasta que no salimos de ella, no vemos si realmente las cosas son tan difíciles como pensamos.
Salir de la zona de confort

Empieza una tarea difícil, ¡ahora!
¡Así de fácil! Muchas veces las tareas difíciles las vemos como tales porque todavía no las hemos empezado. Cuando empezamos una tarea que pensábamos que era difícil, en general nos será muchísimo más fácil retomarla en otro momento. Es por este motivo que yo recomiendo empezar siempre alguna tarea difícil o larga antes de cerrar el día, ya que de esta forma ya la tenemos empezada y nos será mucho más fácil seguir con ella el día siguiente.
Seguramente escribir en un blog no es una tarea que consideremos difícil, pero también podemos aplicar lo mismo que estamos comentando en este artículo. Si tenemos en cuenta el problema de la pantalla en blanco cuando escribimos en un blog muy a menudo, lo que haremos es dejar nuestros futuros artículos preparados con las ideas principales y la estructura definida, de forma que veamos la tarea como algo mucho más fácil y rápido.
¿Cómo solucionas tu las tareas difíciles o largas? ¿Tienes algún truco?
Imágenes | gatogrunge, woodleywonderworksLa importancia de la rutina… y de saberla romper cuando queramos
Hace unas semanas publiqué un artículo con mis intenciones de los próximos meses de 2014. En ese artículo una de las cosas que comentaba era que quería establecer mi rutina diaria, de forma que pudiera romperla cuando quisiera. Tras acabar las clases de la universidad en diciembre y los exámenes en enero, una de mis prioridades era poder acercarme a mis objetivos: a nivel personal, algunos proyectos que tengo empezados; a nivel de formación, trabajar de forma adecuada en mi Trabajo de Fin de Grado; a nivel profesional, dedicar tiempo de máxima calidad a Difoosion para acercarnos a nuestros objetivos.

La importancia de la rutina
Una de las cosas que más me gusta de haber establecido una rutina es tener claro qué podré hacer en cada momento. A veces las exigencias del trabajo no nos permiten tener una rutina como la que nos gustaría, pero aun así tener claro que cada semana tenemos una reunión a cierta hora, que cada lunes a las 15h empezamos a hacer una tarea o que cada viernes a las 12h haremos la revisión semanal nos permite tener una tranquilidad que de no ser así no disfrutaríamos.
La gracia de tener una buena rutina que se adapte a nuestra forma de ser es optimizar la utilización de nuestro tiempo en cada momento. A lo largo del día y de las semanas hacemos tareas muy distintas. Algunas requieren mucho tiempo, pero podemos hacerlas en momentos de baja energía. Otras requieren ratos creativos, dónde debemos estar descansados. Otras requieren poco tiempo, pero mucha concentración. En este último caso es interesante aprovechar el enfoque de la mañana.
Saber romper la rutina siempre que queramos
Para mi hay dos formas básicas de romper la rutina. Por un lado, romperla por motivos externos: interrupciones, cambios de agenda, imprevistos y otros. Es algo que tenemos que tener muy en cuenta a la hora de trabajar, ya que estas cosas pasan todos los días… y difícilmente podemos evitarlas, aunque debemos intentarlo. Si te interesa el tema, puedes leer el artículo sobre evitar las interrupciones externas, algo importante que debemos hacer con mucho cuidado
Pero lo que está mejor de poder romper la rutina es hacerlo porque queremos. Tener un control sobre nuestra rutina, tanto personal como de trabajo, nos permite decidir que un viernes vamos a dedicarlo entero a nuestra pareja. Que una tarde en vez de trabajar queremos salir a comprar. Que una mañana en vez de hacer X cosa, hacemos Y, ya que nos apetece más.
El hecho de tener nuestra rutina controlada nos permite hacer este tipo de cosas que aportan un valor añadido a nuestro día a día y nos permiten vivir de la vida disfrutándola.
La felicidad está en nuestro interior, no la busquemos fuera
Imagen | Laura Agustí
La regla del 50%: Las cosas que parecen fáciles y rápidas a veces no lo son tanto
Las cosas no son como parecen, normalmente no son ni tan fáciles ni tan difíciles como parecían. El tiempo que estimamos para hacer cualquier tarea nunca es el que realmente pensábamos. Los humanos tenemos ese defecto, somos muy malos prediciendo lo que vamos a tardar a hacer las cosas.

Pero… ¿qué significa fácil? ¿Y rápido?
Todo depende de ti, claro está. Lo que para mi es muy complicado, para ti puede ser extremadamente fácil. Lo que a mi me lleva dos horas, quizá tu lo tienes hecho con media. En la vida todo depende de nosotros y de nuestra percepción.
Como aficionado a la productividad, para mi fácil significa algo que podré hacer con poca energía. El nivel de energía, es decir, que podré hacer en cualquier momento poco productivo sin ningún tipo de problema. Las tareas medias para mi requieren un espacio de tiempo dónde estar más o menos concentrado, y las tareas difíciles son aquellas que solamente hago en momentos muy puntuales del día dónde tengo claro que nada ni nadie me va a molestar.
Por otro lado, rápido no es tan claro de definir, más bien tendría tres tipos de tareas: aquellas que puedo hacer con menos de cinco o diez minutos, aprovechando cualquier momento en que no tenga nada que hacer, aquellas que puedo hacer en menos de 25 minutos (un pomodoro) y aquellas que necesitan más.Aprender a definir tareas según energía y tiempo
Hace ya mucho tiempo que me centro en temas de productividad y que estoy aplicando Getting Things Done a mi vida para mantenerme organizado. Una de las bases de GTD, tras otras que considero mucho más importantes como los contextos, es la distribución de tareas con energía y tiempo. De esta forma podemos filtrar fácilmente nuestro sistema de forma que solamente veamos las tareas adecuadas según nuestra capacidad para realizar tareas en ese momento, es decir, según nuestra energía y nuestro tiempo disponible.
Pero antes de poder filtrar es imprescindible aprender a definir el nivel de energía y la cantidad de tiempo que te va a llevar realizar dichas tareas. Realmente es algo que no es fácil, y que requiere de un proceso de aprendizaje, pero siendo el concepto tan sencillo podemos empezar a aplicarlo desde el primer día. Cuando estés añadiendo una acción (¡cuidado con las diferencias entre tareas y acciones!) a tu sistema, plantéate qué necesitarás para llevarla a cabo (contexto), cómo deberás estar tú (energía) y qué tiempo vas a necesitar para realizarla (tiempo).
Verás que las primeras veces seguramente te equivocarás, pero si cada vez que hayas realizado una acción de tu lista valoras cómo fue tu predicción irás aprendiendo poco a poco.

La regla del 50%
Sí, me acabo de inventar el nombre, pero la idea la utilizo desde hace mucho tiempo. Aunque haya utilizado mucho tiempo GTD, aunque he ido aprendiendo día a día el hecho de estimar cuanto tiempo me va a tardar hacer una tarea, nunca lo he conseguido.
La forma finalmente de conseguir tener una previsión correcta de mi tiempo ha sido fácil: añadiendo un 50% a mis estimaciones. Algo que te parece que vas a tardar 10 minutos, mejor no cuentes menos de 15. Si crees que con media hora tienes suficiente, añádele un cuarto de hora adicional que seguro que lo vas a necesitar. Y a gran escala, por supuesto. Si crees que vas a tardar 10 o 100 horas a realizar ese proyecto tan grande, mejor planifícate para 15 o 150 horas. Con imprevistos y tareas más largas de lo que pensabas seguro que las vas a necesitar.
Este es un tema importantísimo a tener claro cuando estés realizando un presupuesto o una planificación, así que mejor tenerlo claro desde el primer momento. ¿Cómo lo haces tú?
Imágenes | Roby Ferrari, h.koppdelaneyVacaciones de Navidad, reflexión personal
El pasado viernes acabé las clases en la universidad, ya solamente quedan tres exámenes en enero y presentar el Trabajo Final de Grado en julio de este próximo año. Esto significa que, tras mucho tiempo estudiando y compaginando mis estudios con mis proyectos y mi trabajo, mi vida va a cambiar de forma bastante radical este año 2014.

Es por este motivo que quiero cogerme unas pequeñas vacaciones de Navidad en el blog, aprovechar estos días de cambio de año para reflexionar. Cómo dicen algunos, ¡año nuevo, vida nueva! La verdad es que para mi un año nuevo significa seguir adelante con lo que tengo, para seguir apostando por mis objetivos. Pero sí que creo es un buen momento de seguir disfrutando con mi familia, reenfocar mis objetivos de los próximos meses y reflexionar sobre mi misión y mi visión de vida.Disfrutar con la familia
Ese es un punto fundamental. Hay gente que odia las comidas familiares, los momentos de reencuentro con toda la familia. En la vida hay mil situaciones distintas, pero la familia es algo que no podemos cambiar y que seguirá así durante el resto de nuestras vidas, así que lo mejor es disfrutarla, ¿no?
Aún así, disfruta de la familia, pero no lo hagas solamente por Navidad: ¡están ahí todo el año! A veces no somos conscientes de todo lo que podamos compartir con nuestra familia. Abuelos, padres, hermanos, hijos, tanto da con quien lo compartas, pero tu familia estará encantada de compartir contigo tanto tus alegrías e ilusiones como tus penas y problemas. ¿Por qué esperarse a Navidad para compartirlo?Objetivos de año nuevo
Otro de los elementos significativos de empezar un nuevo año. Algunos les llaman «buenos propósitos», a mi me gusta más llamarles objetivos de año nuevo. Como su nombre indica, los objetivos de año nuevo se centran en describir un seguido de intenciones que queremos cumplir a lo largo del próximo año. El problema está cuando fijamos estos objetivos y no pensamos en la forma de cumplirlos, ya que si es así estamos reduciendo las posibilidades de llegar dónde queremos.
Y una vez más, fija tus objetivos de año nuevo… ¡pero no solamente por año nuevo! Los objetivos deben fijarse y reinventarse a lo largo de todo el año, ya que muchas situaciones y cambios en la vida que pueden comportar cambios en nuestros objetivos. Si todavía no tienes unos objetivos fijados, ahora es el momento de hacerlo… ¡pero haz un seguimiento y no te olvides hasta el año que viene! Si es así, seguramente no habrás cumplido muchos.

Momento para reflexionar
Los objetivos de año nuevo traen una de las cosas más bonitas de la Navidad: los momentos de reflexión con uno mismo. Como habréis visto, para mi el hecho de que sea Navidad o Año nuevo no significa un cambio significativo, pero sí que entiendo que es un buen momento para parar y reflexionar, saber dónde estamos, pensar qué queremos y descubrir cómo queremos llegar ahí.
Y ¡por supuesto! No dejes que la reflexión de estas fechas desaparezca en cuatro días. Todos debemos tener momentos de reflexión a lo largo de todo el año, no tiene sentido intentar reflexionar durante estas fechas y luego pensar que con eso podemos pasar todo el año. Si realmente quieres desarrollarte personalmente y seguir adelante de la mejor forma posible, reflexiona un poco cada día, un rato cada semana, y mucho cada mes.
¡Nos vemos dentro de un par de semanas, tras las celebraciones de Reyes!
Imágenes | Laura Agustí














